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Historia sobre el uso de las Plantas Medicinales

​Dioscórides , botánico y farmacólogo griego

Uso tradicional

 

Las  culturas occidentales, así como todas las culturas ancestrales del mundo, se han caracterizado por el uso sistemático de plantas medicinales para la curación de diferentes tipos de enfermedades y dolencias.

En todos los lugares de la Tierra  habitados se han encontrado especies vegetales a las que los pobladores les han atribuido propiedades curativas.

Se sabe que muchas culturas empezaron con el uso de plantas medicinales al observar a ciertos animales usando plantas, posiblemente para sus propias afecciones.

Según Lipp (2002), "se ha visto, por ejemplo, que los chimpancés tanzanos usan aspilia, que contiene un poderoso antibiótico para combatir el estómago revuelto, la golondrina usa celidonia mayor en los ojos turbios de sus crías; las tortugas comen mejorana después de ser mordidas por una serpiente y las comadrejas  se curan comiendo flores de ruda”.

La manera en que los animales usan las distintas especies vegetales nos hace pensar que no es solamente un beneficio secundario o casual de algunos alimentos, sino que existe intencionalidad en su uso.

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El ser humano desde épocas remotas se ha valido de las plantas medicinales, pues eran de los únicos elementos curativos que disponían. Hay datos de restos de  humanos neanderthales que muestran que tuvieron conocimiento de al menos 8 tipos de plantas medicinales. Más adelante, existen testimonios plasmados en  pinturas rupestres (hace 35.000 años), en tallas hechas en marfil, códices, tratados y manuales que evidencian el uso de estas plantas desde lejanos tiempos.

 

Tendencias actuales de consumo en Occidente

 

En la actualidad es innegable que existe un resurgimiento a escala mundial en el uso de plantas medicinales y otras terapias pertenecientes al grupo de Medicinas Complementarias y Alternativas. Este fenómeno es analizado desde varias perspectivas.

Por una parte, podemos observar que las prácticas de medicina tradicional siguen constituyendo una parte fundamental en el proceso de salud-enfermedad de los países del tercer mundo. Generalmente esto sucede en las poblaciones en las que está arraigada una profunda herencia cultural indígena o ancestral.  En muchos grupos se encuentra hasta estos días una fusión de este tipo de medicina con prácticas religiosas o espirituales. Esto se da con mayor frecuencia en poblaciones de Latinoamérica y África.

 

 En países subdesarrollados se une también el factor de la pobreza, por lo que la población depende de las medicinas tradicionales para satisfacer sus necesidades sanitarias al ser más accesibles. 

 

Por otro lado, existen otras sociedades en las cuales el uso de la medicina tradicional se ha dado a lo largo del tiempo, impulsado por motivos diferentes. Tal es el caso de la medicina popular y casera transmitida de generación en generación en los países del primer mundo. Este hecho se asocia también al aumento creciente de las Medicinas Complementarias y Alternativas, ya que no se puede negar que en esas sociedades coexiste la medicina alopática con la alternativa y que ésta no solo mantiene su interés sino que muestra una creciente popularidad. La gente allí se siente atraída a este tipo de medicina incluso porque se ha generado un temor a la gran cantidad de efectos adversos que están vinculados a los medicamentos de origen farmacológico. Hay un grupo no subestimable de personas que a pesar de vivir en el primer mundo no tienen acceso a los sistemas de salud privados, de modo que la medicina Complementaria y Alternativa constituye una forma de autoprescripción asequible.

Otra  de las causas a las que se atribuye la tendencia a usar cada vez más los distintos tipos de suplementos herbales o nutricionales, es que el perfil epidemiológico de la población ha cambiado en las últimas décadas.

Hoy en día en la sociedad occidental hay una proporción cada vez mayor de personas de la tercera edad, las cuales presentan generalmente enfermedades crónico-degenerativas asociadas a malos estilos de vida. Las medicinas complementarias proporcionan para este grupo de personas una alternativa menos agresiva que la medicina convencional y que brinda resultados evidentes en enfermedades comunes y crónicas en su estadio precoz, tales como la hipertensión, la diabetes, el insomnio, el síndrome metabólico, las artropatías, la hiperlipidemia, etc.

Por otra parte, el desarrollo de las técnicas de diagnóstico y el conocimiento de la fisiopatología de las enfermedades ha hecho evidente la necesidad de practicar  medicina preventiva y reducir al mínimo los factores de riesgo.

En 1997 un estudio elaborado en EEUU muestra que el 12.1% de los adultos estadounidenses han usado alguna medicina herbal en los últimos 12 meses, comparado con el 2.5% encontrado en 1990. (De Smet, 2002). En el año 2007, la Encuesta Nacional de Salud de los Estados Unidos (NHIS), que incluyó preguntas completas sobre el uso de medicina complementaria y alternativa, demostró que el 38% de los adultos estadounidenses utiliza algún tipo de medicina complementaria y alternativa, el 17,7% ha usado un producto natural no vitamínico/no mineral. El producto que demostró ser el más utilizado es el aceite de pescado u Omega 3, el cual lo consumen el 37.4% de de los adultos y el 30.5% de los niños. La Equinácea es utilizada por el 37.2 % de los niños que usan este tipo de medicina. (National Center of Complementary and Alternative Medicine, 2004)

Son cifras significativas, que  indican que nos encontramos ante una práctica social de la cual debemos obtener principalmente beneficios antes que nuevas preocupaciones.

La inquietud de instituciones internacionales como la OMS se produce porque se han dado reportes de casos graves e incluso fatales de personas que ingirieron dosis tóxicas de ciertos suplementos, como por ejemplo el grupo de personas que se automedicó extracto de efedra para bajar de peso y presentaron arritmias severas y otras descompensaciones cardiovasculares; también fue noticia el grave caso de las personas que ingirieron extractos de plantas de la familia de las aristoloquiáceas con una identificación botánica errónea, lo que resultó en una nefritis intersticial irreversible, insuficiencia renal terminal con necesidad de trasplante renal. Esta familia de plantas causó también varios casos de cáncer renal y urotelial. Lamentablemente, muchas personas suelen automedicarse con plantas medicinales pues se acostumbra pensar que son inocuas para la salud. (Arango, 2005).

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